El efecto Pigmalión en la escuela

Tras varios experimentos de psicólogos expertos en los estudios escolares, realizados con el alumnado, se ha podido demostrar que las expectativas que tienen los maestros sobre sus alumnos pueden llegar a influir de manera evidente en el rendimiento escolar de los estudiantes, lo que se conoce hoy en día como el Efecto Pigmalión. Cuenta un mito griego que el escultor Pigmalión se enamoró profundamente de una de sus creaciones llamada Galatea, una estatua con la figura ideal de la mujer. A tal punto llegó su pasión por esta escultura que la trataba como si fuera una mujer real, como si estuviera viva. Su deseo era tan fuerte, que luego de un sueño, y por obra de Afrodita al ver el amor que él sentía por la escultura que representaba a la mujer de sus sueños, la estatua cobró vida. De ese deseo de hacer posible lo que quería nació lo que hoy se conoce como el efecto Pigmalión. Esto se refiere al suceso por el cual una persona consigue lo que se propone gracias a la creencia de que puede conseguirlo.

Los resultados son una realidad

Este efecto ha sido estudiado por varios expertos en el ámbito estudiantil, explicando así que las expectativas y previsiones de los profesores sobre la forma en que de alguna manera se conduciría al alumnado, podrían determinar precisamente las conductas que los profesores esperan influyendo así en el rendimiento de los estudiantes. En 1968, tras la publicación del libro El efecto Pigmalión en el salón de clases, de R. Rosenthal, se realizó un experimento en un colegio, en el que se les dijo a los maestros que un 20 por ciento de los estudiantes, escogidos al azar, obtendría mejores resultados que el 80 por ciento restante. En ese momento la única diferencia entre los alumnos solo estaba en la mente de los profesores, quienes mostraron una actitud diferente entre unos y otros, demostrando una mayor simpatía y mayor atención hacia ese 20 por ciento.

Positivo y negativo

El experimento demostró que dicho alumnado obtuvo un mejor rendimiento en el estudio, mientras que el otro 80 por ciento no alcanzó los mismos resultados. Se podría decir entonces que las expectativas de los maestros pueden llegar a modificar el rendimiento final. Esto ha llevado a que se hable de un efecto Pigmalión positivo y otro negativo, siendo el primero el que produce un efecto positivo en el sujeto, afianzando así el aspecto sobre el cual se produce el efecto y provocando un aumento de la autoestima; mientras que el negativo produce que la autoestima del alumno se reduzca.